No te llamo.... mío. Comprendo perfectamente que jamás lo fuiste y por eso me siento castigada con tanta dureza por haberme aferrado a esa idea, como a mi única alegría . Pero te llamo mío, mi seductor, mi embaucador, mi enemigo, origen de mi desventura, tumba de mi dicha , abismo de mi desdicha.
Te llamo mío y me considero tuya; y todas esas palabras que antes acariciaban tus sentidos arrodillados delante de mi en adoración, han de sonar como una maldición para toda la eternidad.
Pero; ! No debes alegarte de esto, no pienses que, persiguiéndote en vano o quizás armando mi mano con un puñal, deseo provocar tu burla! Donde quiera que estés, seguiré siendo tuya, siempre a pesar de todo; aunque te escondas con los confines del mundo, seré tuya; aunque ames, por centenares a otras mujeres, seré tuya, tuya hasta la muerte. El mismo lenguaje que contra a ti o empleo demuestra que lo soy. Te atreviste a una gran villanía seduciéndome a mí, a un pobre ser, hasta el punto que para mí lo eras todo, la plenitud, y yo no deseaba ningún otro gozo que ser tu esclava.
Sí, soy tuya, tuya, tuya: soy tu maldición...
Tu muñeca!!!
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